Cortázar, Pizarnik, Cervantes, Asturias, Austen. Seguramente, estos apellidos les serán familiares. En la era digital, las redes sociales forman parte de nuestro día a día. El deseo de exponer cómo nos sentimos o cómo queremos ser vistos nos lleva a compartir en redes frases o textos que tengan, eso sí, una imagen “aesthetic”, porque no podemos permitirnos subir nada soso y simple, ya que seguramente no tendrá vistas ni likes. Atraer la atención y lograr que, por ese post, se interesen en los libros y autores o, por lo menos, sembrar la semilla de la curiosidad. Ese es el “trabajo” de los creadores de contenido literario.
Pero, ¿quiénes son estos creadores de contenido que nos permiten descubrir nuevos autores y obras? Y es ahí cuando entras a su perfil y te das cuenta de que son una pseudoespecie de “influencer”. ¿Pero de libros? Es justo reconocer el esfuerzo de crear estos espacios en las redes sociales (porque los hay en todas las plataformas) que fomentan la literatura desde sus espacios, sin ser formalmente a traves de carreras cientificas “estudiosos de las letras”, pero su pasión los hace ya doctos, por el simple amor a la literatura, y lo hacen para conectar con presentes y futuros lectores.
Mi caso particularmente, dara cinco años atrás, cuando comencé a leer con voracidad y necesitaba desahogar todo lo que pensaba sobre los libros que leía. En mi opinión, el contenido de estos libros es que eran tan increíbles que sentía la imperiosa necesidad de compartirlos con los demás. Me convertí en una “bookstagramer/booktoker”, compartiendo reseñas, presentaciones de libros, novedades literarias y mi experiencia en ferias de libros del país. Desde entonces, mi vida gira en torno a los libros, los autores y las actividades culturales y literarias. Crear un espacio seguro donde pueda tener una comunidad de lectores ha sido, sin duda, mi mejor decisión tomada en pandemia.
En un mundo digital donde la superficialidad puede dominar, es más importante que nunca: tener espacios de literatura en redes sociales.