Diana Lopez

Diana López de Sánchez Presidente Gremial de Editores de Guatemala y Filgua

Festivales y Ferias del pensamiento y transformación.

Guatemala es un país de paradojas. En 1967, Miguel Ángel Asturias fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura, y sin embargo, más de medio siglo después, el analfabetismo sigue lacerando a amplios sectores de la po blación. Especialmente en el área rural, donde los libros son un lujo distante y la lectura un privilegio de pocos. En este contexto, las ferias y festivales del libro que han florecido en los últimos años se convierten en un acto de resistencia, en una puerta al pensamiento crítico y, por lo tanto, a la formación de ciudadanos más informados.

El acceso a la cultura no es solo una cuestión de placer o esparcimiento, sino de desarrollo humano. Guatemala arrastra uno de los índices más bajos en todo el continente, y no es coincidencia que la falta de acceso a los libros coincida con problemas estructurales como la pobreza, la exclusión y la falta de participación ciudadana. Leer permite entender el mundo con mayor profundidad, desafiar narrativas y generar diálogos que van más allá del entretenimiento efímero.

Las nuevas ferias y festivales del libro en los departamentos no solo llevan literatura a quienes de otro modo no la tendrían, sino que también resignifican la cultura local. Estos espacios no son simples mercados de libros; son foros de encuentro, plataformas para escritores emergentes, escenarios de discusión sobre la identidad y el porvenir. Son, sin duda alguna, espacios donde la cultura letrada deja de ser un privilegio y se convierte en una herramienta de transformación.

El Festival Tu’jil, en San Pedro Sacatepéquez San Marcos, es un recordatorio de que la lectura es un derecho, no un lujo. Es una pequeña revolución en marcha, donde cada página leída es una semilla sembrada en tierra fértil. Y en una nación donde el acceso al conocimiento sigue siendo desigual, esta iniciativa representa un paso fundamental para cerrar la brecha entre el olvido y la esperanza. ¡Larga vida al Festival Tu’jil!

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