El festival cultural y feria del libro Tu'jil ha sido mucho más que una actividad cultural de tres días, ha sido un refugio, un encuentro cálido donde la amistad florece. En este espacio he podido encontrarme por lo que puedo nombrarlo como un espacio seguro, en donde nuestro feminismo no ha sido motivo de satanización, sino una manifestación legítima de nuestra lucha.
En una sociedad que con frecuencia intenta silenciar nuestras ideas y deslegitimar nuestras luchas, este festival se convierte en un respiro, en un territorio en el que nuestras palabras son escuchadas y nuestras experiencias, validadas. Aquí, podemos reconocernos en nuestras diferencias y similitudes, construyendo juntas un horizonte donde la sororidad ha sido un cimiento.
El festival es una apuesta pública, un acto de resistencia y reivindicación. Nos recuerda que deberemos reorientarnos y manifiesta la importancia de recuperar y adueñarnos de nuestros espacios, de hacerlos nuestros sin pedir permiso. Es una afirmación de que la cultura, la literatura y el arte son herramientas poderosas para la transformación social y para la visibilización de nuestras historias.
Cada conversación, cada libro abierto, cada expresión artística en este festival reafirma que seguimos avanzando, que seguimos reclamando lo que nos pertenece, un espacio en donde podamos ser, pensar y existir sin miedo. En Tujil, el feminismo encuentra su lugar, y con él, todas nosotras.