Pertenecer es uno de los sentimientos que la mayor parte de los seres humanos, inconscientemente, buscamos a lo largo de nuestras vidas. El sentido de pertenencia nos hace sentir unidos a nuestra familia, grupo de amigos, lugar de trabajo e incluso a una cultura.
Pero, ¿Qué pasa con las personas que crecimos sin una “cultura predominante”? Nos hacemos llamar mestizos porque, al final, es lo que somos: una mezcla de antepasados con distintas culturas, ideologías, creencias e incluso comportamientos. Quienes intentaron empatar sus diferencias crearon lo que hoy conocemos como mestizaje.
Es muy interesante conocer la historia de dónde venimos, pero a veces pareciera que se mezclaron tantos orígenes que, al final, ninguno terminó sobreponiéndose, y a quienes ahora buscamos una identidad nos cuesta encontrar nuestra raíz más profunda.
¡Qué experiencia tan excepcional el conocer diferentes culturas: cuando comparten sus raíces, sus creencias, su razón de ser! Y no puedo dejar de preguntarme: ¿con qué nos identificamos los mestizos?, ¿cuál es la manera de demostrar el amor hacia nuestras raíces? ¿Nos sentimos realmente pertenecientes a una “cultura” o solamente vivimos sin comprender bien de dónde venimos y con qué nos identificamos?
A veces pareciera que vivimos con el miedo de no poder experimentar la cultura de nuestros antepasados por temor a ser señalados de “apropiación cultural”, cuando lo único que estamos buscando es ese vestigio que nos haga decir: “¡De aquí soy, de aquí vengo, aquí pertenezco!”.